Costa Rica es conocida por su gran diversidad natural y su competente política de conservación. A pesar de ocupar solo el 0,3 % de la superficie mundial, este país puede presumir de albergar casi el 6 % de las especies de flora y fauna del planeta. Los parques nacionales, especialmente los más grandes, como el Centro de Conservación de Santa Ana, desempeñan un papel importante en este sentido.
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Si te estás preguntando qué lugares agradables hay para ver la naturaleza y participar en la conservación del futuro del mundo, lee hasta el final y obtén toda la información necesaria sobre el Centro de Conservación de Santa Ana para planificar tu próximo viaje.
¿Qué es el Centro de Conservación de Santa Ana?
El Centro de Conservación de Santa Ana (o CCSA, por sus siglas en inglés) es un territorio de naturaleza salvaje que abarca casi 52 hectáreas en el distrito de Santa Ana, en Costa Rica. Curiosamente, es uno de los últimos reductos de bosque tropical seco que quedan en el Valle Central de Costa Rica. Los visitantes pueden pasear por senderos sombreados, conocer animales salvajes y domésticos, explorar el Museo de Historia Agrícola, relajarse en zonas de picnic o participar en uno de los muchos eventos familiares.
Lo que lo hace aún más interesante para nosotros es que este sitio está gestionado por la organización sin ánimo de lucro Fundación Pro Zoológicos (Fundazoo). La misma fundación también gestiona el zoológico más importante de Costa Rica: el Zoológico y Jardín Botánico Nacional Simón Bolívar.
Historia del Centro de Conservación de Santa Ana
El terreno donde se encuentra hoy el Centro de Conservación de Santa Ana ha tenido muchas vidas. Repasemos paso a paso su transformación.
1869-1907
Todo comenzó en 1869, cuando el inmigrante británico Robert Ross Lang adquirió la propiedad en Santa Ana. En ese momento, ya había un antiguo ingenio azucarero en el terreno. Ross decidió mantenerlo en funcionamiento y vender sus productos a la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica. Con el tiempo, la finca se convirtió en una auténtica hacienda familiar.
1907-1954
Tras la muerte de Robert, su hijo Alejandro Ross Davidson tomó el relevo. Amplió el propósito de la finca. A partir de entonces, se cultivó arroz, café y caña de azúcar. También construyó una pequeña fábrica de azúcar combinando el antiguo molino con infraestructuras más modernas. En la década de 1930, la finca se había convertido en uno de los mayores productores de azúcar del país. En los años siguientes, la familia también comenzó a exportar café. La última cosecha de azúcar de Alejandro tuvo lugar en 1954, poco antes de su fallecimiento.
1955-1975
Uno de los hijos de Alejandro, Don Lorne Ross Ashley, heredó parte de la tierra y la bautizó como Finca Lornessa. Junto con su esposa, continuó con la agricultura, la ganadería y la avicultura, y plantó maíz, frijoles, frutas y verduras. Sin embargo, a mediados de la década de 1970, la familia Ross comenzó a pensar en el futuro de la tierra.
1975
En 1975, Don Lorne donó parte de la tierra al gobierno de Costa Rica. El área restante fue comprada con el mismo propósito en 1976. El objetivo era crear un espacio de conservación a nivel nacional. En 1993, se definió oficialmente la misión del centro: preservar tanto los ecosistemas naturales como el patrimonio rural de Costa Rica.
1994-Hoy
En 1994, el sitio pasó a estar bajo el cuidado de la Fundación Pro Zoológicos (Fundazoo). Eso marcó el comienzo de un nuevo capítulo. Desde entonces, el área ha sido restaurada como centro de conservación y educación. Las plantas y animales nativos han regresado, los hábitats tropicales están protegidos y nuevos espacios, como jardines botánicos, recintos para animales y sitios históricos, ahora están abiertos al público.
Hoy en día, el Centro de Conservación de Santa Ana es un ejemplo vivo de cómo el patrimonio y la biodiversidad pueden crecer juntos.
Qué puedes encontrar en el interior
El centro tiene una gran superficie de 52 hectáreas y está dividido en diferentes zonas:
Áreas de reforestación y senderos para caminar llamados Uruca y Aramides
- Un encantador jardín de cactus y suculentas
- Un sendero circular con recintos para animales silvestres autóctonos
- Dos viveros forestales y un centro de propagación
- Un antiguo ingenio azucarero y el Museo de Historia Agrícola con animales de granja
- Áreas de picnic, un parque infantil y un vivero donde los visitantes pueden adoptar árboles autóctonos
- Una casa tradicional construida con bahareque, piedra caliza y tejas de arcilla (con más de 250 años de antigüedad y considerada patrimonio nacional)
Ya hay planes en marcha para construir un jardín de mariposas y un jardín de palmeras. Además, cada año, el centro organiza talleres, visitas guiadas para colegios y eventos temáticos abiertos al público (con inscripción previa, por supuesto).
Así que, si eres un auténtico amante de la naturaleza y no soportas las calles polvorientas y sofocantes de la ciudad, ¿por qué no visitas el hermoso recinto del Centro de Conservación de Santa Ana?